Mi ritual, es cada domingo ir a una feria municipal a desayunar
Es una aventura cada 7 días , así que hay otras micro escenas dentro del paseo.
Amaneció nublado y gris, mi ventana sin color me cuenta que no estaba de buenas
Un sol ausente o dormido aún quizá.
Quizá amotinado y escondido tras las nubes.
Cansados de una semana laboral, el y yo, no teníamos la fuerzas.
Aún agotados, saltarnos el domingo nuestro no podríamos nunca
El, para abandonar las nubes.
Yo! para abandonar la comodidad de las almohadas.
Un ratito más, un ratito más! Cada vez que miraba por esa ventana.
El tiempo también tomo su lugar, se sentó al volante y aceleró haciendo mucho ruido.
Un reloj colgado en la pared, me ve y me grita, - y vas a ir o no, mira que todo se termina! ?
Y el el tic Tac como estruendos golpeando las paredes del cuarto
De alguna forma me tiró un adoquín de realidad cruda y directa
-Todo se termina-
Indignados por tanta pasividad, mis piernas saltaron como resortes! cobraron vida.
- si no nos levantamos este sigue acostado!- ello agregan con fuerza
La mitad del cuerpo se rehúsa , rebelde aún dormido
Se resiste a despertar, y casi contra el marco de la puerta se estrella
Tocaba medir el aire afuera, no había humito cuando uno respiraba.
Las excusas para no salir siempre están a mano.
El antojo pudo más!
Entonces emprendimos el camino.
Y al final, el también despierta!
- me primereaste!, me di vuelta y te escapaste..-
A el, también lo empujaron las nubes, lo habían lanzado al vacío azul
Ya en las calles, el antojo estaba apurado por desayunar.
A media mañana el sol extiende sus brazos, esos rayos reconfortantes.
Toma su lugar el el cielo bañando de dorado todo lo que toca.
Con el de compañía calentando mi espalda llegó a esa feria.
Alli conviven toda clase de miradas, y sonrisas
Las familias suelen escaparse de casa y hacerle frente a la rutina
Es el espacio donde ellos caminan de la mano, siendo esa una tierna imagen que suele pasar sin ser notada
Dónde los hijos son consentidos y los padres por ellos sus bolsillos asaltados.
De pequeño mi padre también solía llevarme.
Apenas llegaba daba dos pasos y alguien, siempre le tendía la mano
Tras un apretón fuerte de manos, saludar a medio mundo era frecuente
Parecía que conocía a todos en la feria !
- mira tanto tiempo como estas- que haces por acá?- solo pasaron 7 días.
Y de seguro más de una vez también en el barrio, ya que muchos de ellos eran vecinos, o conocidos.
Mientras uno se adentra en un mundo de gente, emergen mucho colores.
Cientos de prendas colgadas en percheros, de todo tamaño y tipo
De niños y grandes.
Los varones no sobrealimentamos los roperos nuestros en la vida, solo las necesarias.
Pero las mujeres se caminan puesto por puesto.
Observan prueban, investigan una a una.
Siempre, vuelven al inicio apuradas
Antes que alguna más se la compre, en cierta forma compiten por esa primera prenda
Generalmente en todos los lugares de comida, suelen servir cosas calientes
Apenas salido el sol, estoy caliente y reconforta a esas almas que están desde temprano.
Y siendo que voy tarde ,es posible que el reloj haya tenido razón y me hayan dejado sin desayuno y se ahora se este burlando
No importaba, la salida siempre es buena para mí.
No es que no me guste estar en casa, solo que encuentro vida y escenas que me inspiran a escribir
Y la calle lo cotidiano, siempre hay un detalle un gesto que levanta la mano para pedir, en una o dos palabras quedar eternas
Desde un auto con música fuerte, hasta un niño haciendo berrinche porque no le compraron un helado,
Llegué a esa feria viendo qué de nuevo había.
Apenas uno asoma los aromas a choripán, café, flores, llegan al olfato.
Mientras algunas vendedoras intentan convecerte con sus productos.
De formas muchas, una sonrisa dulce una precio razonable, el objetivo vender.
Pasado unos minutos, pasos entre la muchedumbre mi niño interno curioso se detuvieron.
Nos quedamos mirando juguetes, ya que a mi hija pequeña le gustan los dinosaurios.
Mientras tanto, los sabores me llegaban
Las papas fritas, los panchos intentando envolverme y el humo de la parrilla sin siquiera estar cerca
Y, entre el griterío y las charlas ajenas de la gente, escucho...
A un señor grande claramente enfadado.
El comerciante de ollas , jarras cucharones y demás productos la para cocina de ellas.
Como otros también intentaba capturar la atención de cuánta señora se acercara - lleve dos por uno, está en oferta doña-
Gran habilidad, y su discurso entrenado para vender los suyo
De pronto suena su telefono, lo toma con una mano mientras acomoda el desorden.
-Clientas indecisas preguntan y no llevan nada- murmura.
Mientras reubica cada pieza a sonado el teléfono, una mano sigue su trabajo y la otra atiende: —Hola, mi amor, necesito descansar -- dice, mientras se toca la cabeza con la mano.
—Tengo fiebre, quiero volver a casa a acostarme — continúa, algo enojado.
—Y tú me dices... “¡Si me amas, si me quieres trabaja!” ¿Qué es eso, pues?- arremete con fuerza.
Caminaba y como una cámara de video con ángulos distintos, no observé ningún síntoma de un gripe
No tenía los ojos caídos ni lágrimas en ella , no estaba decaído.
Es más estaba con ropa liviana mientras yo abrigado por demás
Seguí.caminando y eni.mi cabeza flotaba eso último
“Si me amas, trabaja...” ¿Qué tan ruin puede ser esa mujer para decirle eso?, pensé por unos largos minutos
Paso un buen rato.
Ya saciado mi apetito, y no con cosas sanas, confieso, sino con frituras, azúcar y colesterol muy alto, jejej.
Bueno, pero es solo los domingos... ¡Tampoco me reten!
El camino a casa tiene el mismo recorrido que el de entrada
Así que retomé y repetí los pasillos iniciales.
Más tarde, los jugos y helados seran la tentación. ¡Claro! En ella no caere , no claudicaré
Bueno... crean o no, ¡así fue! Mal pensados ustedes, jejej.
Y lo vi!
El señor que dramatizaba estar mal y por desfallecer estaba allí.
Antes lo había escuchado muy enojado, acaso sin jugarlo con cierta pena
Que gran hombre a pesar de sus dolencias y sus afecciones, el permanece estoico de pie sigue, que fortaleza!!
Que gran hombre con ganas de progresar me repetía para adentro mío
Y de pronto lo escucho.
A las risas, hablando con sus colegas vendedores: —Cacho, hoy es mi cumpleaños, ¿qué me vas a regalar? —¿Y vas a festejar? —¡Claro, pues, compadre! Anoche ya festejé... por algo trabajo, ¿no?
Jajaja... el tipo estaba con resaca. Quería volver a casa esa mañana
Me había robado una sonrisa e indignación a la vez.
Al final todos tenemos nuestras luchas, el sol, yo, y el hombre que solo quería déscanzar nos quejabamos en domingo.
Saludos ( Luis Ochoa )
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