el tiempo sigue su curso , pienso mientras veo por la ventana
las ramas de álamo que casi tocan el vidrio, parecen decirme algo
tu recuerdo vino de visita una vez más
Hay mucha niebla esta mañana.
No se ve a más de dos metros.
Solo gente que aparece y desaparece en la calle como espectros, como fantasmas.
Mientras mi taza de café humea en la mesa,
es inevitable evocar tu sonrisa y tus silencios.
como hago ahora, me ahoga tu falta
un suspiro escapa del pecho
se fue en silencio
mejor me siento un rato a volverte a ver , solo en recuerdos.
Hay que cargar algo de energía para arrancar este día —muy frío, por cierto.
En las manos, un pan francés crujiente, que rompe con un estruendo haciendo explosión en mis manos.
Algunas migas caen al suelo y atenta está ella, Nina, una Yorkshire diminuta dispuesta a aspirar el piso.
este pan sin sabor salado y duro es una piedra comparado con el tuyo!
hay días que no acepto que subiste al tren pero la realidad me trae a tierra, y me hace ver qué debo seguir
es inevitable olvidar esa complicidad
Mientras se horneaba, el aroma invadía el ambiente en el patio de casa.
Esperar no era lo mío.
Apenas salían, aquí, quemando entre los dedos,
doradito por fuera, esponjoso por dentro, el aroma se aspiraba hasta el alma.
Y tú, al salto:
—Ten cuidado, debes enfriarlo primero, o te hinchará la barriga —
Como un libro, ese pan descansaba sobre el horno de barro.
teníamos un secreto . más de uno tenía queso dentro .
El tiempo era una tortuga, jamás se apuraba.
Y cada vez que lo tocaba parecía más caliente aún.
los 8 de julio dejaron de ser normales para el resto de mi vida
No es solo un día, viejita del alma, no lo es
por qué un día como hoy tomaste el tren al viaje . ese viaje sin retorno, el último
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