domingo, 26 de abril de 2026

La intrusa.

    Frente a mi asciende un sendero en sig zag  que desaparece en la penumbras

 

  Mis pies y rodillas van escalando, piedra a piedra, ganando altura.

 

Accidentado y resbaloso, desafiante.

 Decido tomarlo, pero antes, como quien se ajusta el cinturón, acomodo la mochila de un lunes casi concluido.

La ansiedad de llegar a casa -el café caliente con galletas-  empujan las piernas.  

 Bajo mis huellas casi a oscuras , algunas piedras crujen y ruedan al precipicio golpeando las rocas. 

 

Cómo  decía mamá, uno debe pisada a pisada su camino asegurar con cautela.

Mi ascenso es lento pero seguro 

A mis espaldas  algo se descubre.

Pasados unos minutos, el paisaje se despliega luminoso ante mis ojos.

 

Como una manta que se hereda  cubre la montaña alta. Adornadas con luces amarillas, algunas blancas 

La  silueta de algunos edificios apenas visibles, completando la cuesta lejana.

 El halo de mi agitado cuerpo me abandona, respiro un poco con las mejillas frías. 

 

Todos por aquí se guardaron, siquiera un ladrido de perro acompaña mi regreso.

 

Un algodón blanquecino se cruza, se detiene. Encontró allí comodidad, irrumpe  el lienzo.

Cómo una mancha de café accidentalmente rompió la armonía. 

 ¿Es una intrusa? 

Se quedará a dormir esta noche, descansa sobre un pequeño bosque de eucaliptus,

 

 La luna, incómoda,  se corrió al otro extremo.  Incómoda se le quedó  mirando, cual señora sorprendida que pregunta por su invitación a la escena.

Se siente invadida.

La decoración estaba perfecta: luces sueltas y claras, y de pronto el algodón ha cubierto parte de la ladera.

 

Las acompañantes, cual centinelas pequeñas como botones cosidos con intención  paciente de  una tierna abuela en el firmamento, también se quedaron mudas.



  Una calma solemne me abraza, cuánta paz invita hasta al alma navegar  sus aguas.


Aún así la inmensidad es perfecta completa.

Al final aquí arriba. el vals nocturno apenas comenzó. 


Pocas veces, pero hay, instantes, de esos que de imprevisto se observa al eterno inspirado

He aquí  el cuadro, atestigua su presencia, 

  Son segundos que no serán  un simple pasado sino un presente eterno.

  

martes, 7 de abril de 2026

Entre las nubes.

 

  
 Al “jardín de montaña”, así le dice mi pequeña de cinco años.

 Ella  camina de mi mano, creo más bien, Soy yo, quien camina de su manito.

 Va tarareando una canción...
 - la la la la- decido no interrumpirla. Mientras salta de piedra en piedra 
 
  Vamos bajando una calle mojada por la llovizna de hace un momento.

  La primera campana a tocado, estamos sobre la hora, no importa, impera llegar, el camino  no es fácil.
- un paso a la vez, recuerda un paso a la vez - le digo a ella que apresura sus piecitos.

     Por aquí la nubes suelen descansar sobre las montañas. Allí arriba soltando la vida, sus gotas de agua todo el día.

 El camino llena  de flores  a sus costados ellas amarillas nos acompañan mecidas por las brisa parecen saludarla.

  Alguna nube también oyó la primera campana, y se apresura a subir. A cubierto todo de blanco, no es extraño aquí todo cambia en cuestión de minutos.

      Mi niña , a ella el inicio de semana no parece pesar va feliz a los saltos.
     Ya casi...
A la distancia veo algunos pequeños, llegaron y ya están formados en una fila, de guardapolvos de color bordo.

 Llegamos 
 Ella entro feliz.

Me quedé afuera observando.
Un  tras un grueso alambrado me separa del espacio que a ella ahora la cuida. 
 
Pensar que la sostenía  en mi antebrazo y ahora ya se despide  de su padre. 
 - chau papi- levanta su pequeño bracito ajusta la correa de su mochilita y camina feliz.


Mi piel erizada aun con abrigo encima  hace de mi un manojo que, sin pausa me sacude

  Una brisa fría ascendente cruza, besa mejillas mías están rojas.
 Mi pequeña indiferente casi ajena a la formación se integra.

 Su inicial resistencia después de la cama se  desvancecio.

La campana otra vez sonó, está vez más fuerte más veces, el ruido inundó todo el vecindario, rebotando e cada pared  el eco volvió desde la ladera en frente.
 
El caserio aquí arriba va desprendiendo sus habitantes cada mañana sea con nubes o un sol radiante. 
 
 Con el segundo llamado, los pasos ya se oyen presurosos. Bajando por escaleras improvisadas con piedras y algunos escalones con ruedas de auto

Las piedras, una junto a otra, mojadas y resbalosas el paso es es una la vez. 

 Ellas custodian en las alturas el diario peregrinaje
   
 Es tarde lo saben algunos pequeños,  con mochilas más grandes que ellos mismos ya casi llegan.

 En sus espalditas ruidos plásticos, cargan sueños o quizá las ansias de que sea medio día.
 Es tarde 
Algunos aún bostezan mientras cruzan la puerta principal de la pequeña escuelita.
 
 Parece que hay más docentes que alumnos. 
 
 Según vecinos son muy pocos los alumnos, de seguir así, es posible que la escuelita desaparezca, espero no sea así.  




 
 El acto comenzó, es sagrado y aún con un alumno eso se respeta. 

El himno nacional...
 La música comenzó.
 Firmes y derechas como postes, las pequeñas voces lo entonan. 
 
Del otro lado yo tiritando también la canto. Claro! Cómo no si nací bajo esa bandera.

Otra vez, una nube nos envuelve, está vez es muy densa y cargada.
Llega  soltando pequeñas gotas frías.

Comienza a caer una llovizna…
como si quisiera ser parte del momento
Pequeñas heladas sobre mi cabeza casi despoblada hace que mis brazos se  crucen y mis hombros se encojan
 
   En Tando ahí dentro, nadie se mueve milímetro alguno.

Menos de veinte niños están formados.
—¡Morir antes que esclavos vivir!—

Tras ese último grito,
 Casi invisible la bandera ya está en lo alto del mástil.

Con ella allí oficialmente la semana ha comenzado.
 
Una pequeña escuelita, de techos de chapa y salones en fila pintoresca y acogedora. 
 
Tras el himno un pequeño discurso.

El director con ademanes y gestos
frente sus alumnos. 

Alcanzo a escuchar:
Es sobre de la Semana Santa
y su significado.
 

 Un par de pequeños acaba de subir el último escalón, extenuados por el  ascenso uno se inclina, sus brazos apoyados en sus rodillas intenta recobrar el aliento.. 
Sueltan un:
 - buenos días- casi inaudible 

A mis espaldas pasan corriendo algunos rezagados;
llegarán tarde al trabajo.
—Buen día, buen día— me distraen un segundo 
  El ruido de los zapatos pisando seco desaparece, el saludo se repite.

 Mis ojos vuelven a posarse sobre ella. 
 Entre el grupo algo me emociona, miro casi atónito.
Una niña, muy pequeña carga una mochila verde, más grande que ella.. 
Y yo aquí…
quejándome por tener las manos frías.
 
- Descansen- tras el grito del director todos en ese patio de cemento desaparecieron.

 Tambié yo me estaba mojando. 







sábado, 4 de abril de 2026

Texto al paso...

 Mientras las gotas gordas se desprenden de nubes pasajeras  negras golpeando los toldos, y las chapas movidas por el viento. 

   Estos contrastes repentinos  del cielo son la marca  típica de una tarde común en la ciudad de La Paz.

Las veredas angostas casi siempre obstruidas de exhibidores o carteles 

   Una tormenta con  granizo  hizo  que casi todos  tomen una pausa.

Cualquier techo pequeño toldo  o rincón sirve  para guarecerse.

Yo también me detuve, quizá llamado por los aromas a la puerta de un restaurante.

Adentro, la gente comía indiferente.

El sonido de los cubiertos inundaba el ambiente.

Mesas con manteles naranjas, casi todas ocupadas.

—No tengo hambre… no esta vez—

volteé la mirada al cielo, la cortina de agua no  cesaba. 

A mis espaldas, el ruido se mezcla con las órdenes que salen desde la cocina—

—dos con fideo, dos…—

ordena el mesero.

Afuera, otra escena poco habitual. 

Mientras varios sacian su hambre,

alguien, afuera, desesperado, aprovecha lo poco que puede.

Algún alma empática y bondadosa le dejo comida.

Se apura. Devora  lo poco que hay. 

Otro, en cambio, solo observa.

¿Vigila…? 

¿cuida que no cruce el límite?

Su ropa —esa leyenda grande de “POLICÍA”—

robó mi mirada sin pedir permiso.

Fluorescente. Letras grandes.

Un guardia con cola.

El come rápido…

Uno se quedará allí, en el umbral.cual centinela 

El otro seguirá su camino.

 Cómo yo el mío 

Ha dejado de llover.