martes, 10 de febrero de 2026

El ladrón del tiempo

 El Ladrón de Tiempo

Estabas ahí solo, acostado sin movimiento alguno.


Algunas hormigas parecían no perder el tiempo; se subieron sobre ti.


Tu paz..


. Eliminé cualquier pensamiento de tragedia.


Habías caminado mucho, no solo en la vida; tus almohadillas eso decían.


En tus orejas caídas te picaban esas rojas y diminutas hormigas que parecían desgarrar tu piel.


¿Te acostaste en su camino? ¿ El fuego de la calle  hizo desplomarse tu cuerpo   dónde pusiste  quizá?


Y en protesta ellas también buscan  moverte. Pero lejos de eso, solo hicieron que te  acomodes en tu profundo sueño 

La tarde ha sumido a todo a guardarse en las sombras de su casa.


Nadie podría haber salido de día a caminar en ese infierno.


Esa plaza de árboles pequeños, desértica, ausente de cualquier señal de vida.


Incluso las aves con sus picos abiertos buscaban algo de aire fresco entre las ramas.


Algo inútil;  también ellos parecían sacudirse sacudir sus ramas  y desprenderse también de ellas.


Incomodaban como el sudor en uno.


También querían intimidad para conversar entre ellos, ya que sus troncos guardaban secretos.


Miedos y alegrías; a sus sombras se gestaban amores, como también tuvieron que por algún llanto de tristezas.


"Espero vuelva esa joven, me quedé con la intriga del último suceso del abuelo", contaba uno de ellos con gestos en sus hojas 


Aunque evitar que usurpen el lugar otras personas no podría evitar.


"Hoy no pude convencer a las palomas para que me ayuden ", agregó o resignado.


Y él seguía acostado allí.


"¡No, no, señor lector, no se asuste!".


El amiguito movió esas orejas de cicatrices llenas...


Las hormigas volaron y desaparecieron en el pasto seco crujiente.


"¡Quédese tranquilo!".


Parecía que entre esta conversación en silencio con el tiempo, había galopado a tomar alguna sombra.


Ya que de a poco la estampida humana poblaba el lugar.


La risa de niños, el tintineo de termos y pelotas repiqueteando llenaban de color el ambiente.


Hasta me olvidé a donde iba yo.


¡Te acomodaste patas arriba! Que envidia.


Por un momento me miraste de reojo.


"Este qué quiere, ni dormir en paz puedo", parecías decir.


Claro, alguien parado allí que no se va... lejos de incomodar ya asustaba.


Una pelota perdida se dirigió a mis pies; empatizó contigo tal vez.


"¡Déjalo en paz, tiene el cartel de no molestar!", pasó gritando ella rodando...


Ella de gajos blancos y negros rápido cruzó casi besando mis pies ... mis piernas no reaccionaron para devolverla, algo me había anclado al suelo.


---


Sofocante, pero vine temprano antes que el lugar se llene.


----Mientras aprieto el botón del bebedero, lo vi.


¿Qué habrá perdido ese muchacho? Está ahí hace un buen rato, no se movió.


"Oh, una pelota perdida".


Mis reflejos intactos a pesar de mi edad hicieron que ella descansara en mis pies.


"¡Señor, señor!", gritaba un flaquito de cabello con rulos mientras se limpiaba el sudor de la frente.


Levanté la mirada observando sus manos sobre su cabeza y la devolví.


El chorro de agua me devolvió a mi realidad.


---


Entendí que solo descansas, que habías robado al tiempo su carrera.


Y el tiempo ante ti parecía un niño caminando de puntitas en el silencio de su casa.


Que tu paz no se negociaba y que recargabas pilas!


"Está bien", está bien, despacito me fui... 

Luego de muchos mates, y darle alivio a mi vejiga, ¡te vi!


Una voz lejana y levantaste tu cabeza.


Te levantaste como un resorte.


Tu cola comenzó a moverse.


Corriste al encuentro de ese viejo hombre de blanca barba   como la nieve.  y bastón gastado  por aún vital y contento .


Te sonreía mientras saludaba con cariño.

 Y parecía que el día apenas comenzaba para ti 

Parecías un cachorro, intentabas atrapar burbujas de tiempo 

Esas que ai muchas veces se me escapaba  a menudo en la vida 

  La niña que jugaba con su abuelo  lo sabia,  


No me pregunten qué es la vida; encontré  la escena en una fracción del domingo, 

Mi forma de vida es disfrutar de estas escenas. 

Encuentra tú la tuya, y no la desperdicies apagándose entre paredes de lamentos y tristezas.

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