domingo, 10 de mayo de 2026

Mi rescate

De piernas cruzadas, tras hornear unas galletas de vainilla, Lidia  en total silencio se recostó sobre su sofá gris. 


  Afuera los primeros  rayos  dan sobre su patio y jardín cortando la niebla que irse aún no quiere.


Quiere evitar algo talvez ....


Ella bajito, muy bajito casi susurrando tararea una canción 


Todo cobra vida, los rayitos de sol en una maceta de barro saludan, las abejas revoloteaban así como las mariposas.


El halo de su café asciende lento. 


El aroma es rico e intenso en una taza, blanca  que  posa sobre su mesa de mármol negra , la azucarera  hace juego con ella.

   

 Tras haber  despertado con total optimismo, dispuesta a tragarse al mismísimo sol. Que por estos días doblega  a todos.


 En el fondo  unos parlantes inundan  de melodía,   suave, y  con  una voz aguda  un tal Abel, canta.


 Tras un sorbo de café y mientras parte una galleta  el teléfono ese colgado cerca de la puerta suena.


Y se repite

Mientras las migas caen cuál estruendo  de sus manos casi congeladas

"ring ring ..." 


El ruido plástico seco al colgar congelo el tiempo


Abel también se calló e hizo un silencio solo. algunos ladridos lejanos de la calle difusos llegan. 


Su voz se apagó


 El teléfono  amarillento  viejo que una vez fue blanco, fue recién colgado. 



El cable espiral del mismo color  aún se mueve  se mece lenta , muy lentamente.


Del otro lado  no fueron muchas  la palabras, Diego no pregunto, sino que aviso que pasaría por casa, pero está vez no solo.


 Solo dijo algo inevitable casi una sentencia  apagó  todo rastro de buena energía.

  

 Aunque la luz   radiante  que decoro su sala a su vida y su  ambiente, en el interior, en ella  todo se fue apaga despacio.


La noticia no solo arruinó su mañana quizá también su día ...


 Sus paredes de vidrios  grandes  , hace que su jardín contiguo sea inmediata a su  vista 


Allí  Flores de colores varios y hierbas  aromáticas, exhuberantes revela el amor  por ellas. 


No suele salir mucho.Se refugia en casa, su espacio.

Y cuando así lo hace la saludan hasta las aves 

Elige su paz, su tranquilidad ante todo.


Conocida ,  por su nobleza, alegre, siempre con esa luz en el rostro, y una sonrisa para todos.


 Sale de casa es  imposible ya  permanecer en esa sala.


  En todo el ambiente el aire se corta con un pétalo de rosa.


Toma las llaves que cuelgan presurosa escapa casi  con espanto.


Hay que   aventajar el infierno inminente de las horas primera, en exterior y respirar un poco.


Al menos así su pecho podría no sentirla la angustia tan grande que su corazón oprime.

 

Casi sin rumbo solo deja  tras sus pasos   esos minutos que caen como navajas, 


-basta no puede ser! - dirige sus pies la razón  vuelve  a tomar el control.

Va rumbo a una panadería de las pocas que hay en  el barrio que  hornean el pan en horno a leña solo por las mañanas.

 

Hay calles que nunca cambian,  y ella también seguía esa casi rutina.


 Un saludos con una sonrisa  o simplemente asintiendo con la cabeza, la vida le devuelve el cariño que siempre ofrece en forma desmedida.


  El ruido de motores, bocinas  el bullicio de la gente le son ajenos,  aún no digiere la piedra 


Sus pasos son duros y tensos.


Ya sobre la avenida  el olor a tostadas y medialunas   la envuelve.


La cafetería está cerca.


Alguien salió del interior dejando una estela dulce de membrillos y cremas casi la choca. 


  Ese hombre tiene  la calma  en sus pies y su  cuerpo sale casi bailando.. 


Todo lo opuesto a  ella que aún en su garganta la noticia temprana está atorada

 

 En el mostrador, unas tortas y donas de colores  causaron una pausa, quiere entrar.. pero sin ánimos de nada con los brazos  cruzados se aleja. 


 

 Alguien sentado en una mesa rompe un croissant  la ve.

 -buen dia- la saluda...


 - buen días -contesta ella  con su voz apagada.

 

  Renzo el cafetero que limpia sus pocillos en el interior la ve, la conoce está distinta  no era la lidia de siempre que solía quedarse un ratito 


 Desistió entrar  y cruzó la calle.. 


Ya doblando la esquina  cruza por un negocio de vestidos. Unos largos, floridos, de telas que tienen perfecta caída. 


Tras ellas, algunos maniquíes los modelan, casi le sonríen. Creo que más de uno la saluda.

 

 Lidia Levanta sus lentes  para mirar los detalles de las telas  


Domingo, el  dueño del local, la reconoce.


— Lidia, querida, buen día — dice, un poco sorprendido pero alegre.


— Buenas, don Domingo — ella contesta, en tono suave casi inaudible.


— Llegaron vestidos nuevos, muy bellos.


— Sí, están...

Observa la mirada en sus ojos y corta sus palabras 


— Luego paso— finaliza y pasa de largo 


Pasan un  par de segundos.


Su jardín, como las calles que elige transitar, hablan de ella.


Veredas con muchos árboles,  y canteros decorados con mucho verde.


Emulan  una primavera en pleno verano.


 El sol seca  y quema  cualquier  intencion hoy  buena.


Metros más allá  unos jazmines  asoman tras la rejas. 


Virginia levanta una mano la saluda 


 Lidia sonríe  admirando cada flor, cada planta del bello jardín. 

 Por un segundo al menos está en casa, feliz juntos a su pasión. 


se detuvo no por   envidia, es solo admirar la belleza, y detalle   que guarda cada plantita hoja y pétalo en ellas 


Vio a  Virginia, la evita. Casi sale corriendo, no de susto, sino porque la señora es latosa, densa.


 Sus chismes en ese tono bajito, secreto, casi susurro, eran desesperantes.


 La vida de los demás no era la de Lidia, y prefería no cargar con esos pensamientos que la asaltaban a medianoche.


Había pasado tantas veces por esa vereda y sabía casi a detalle  horarios en la vida de  Virginia.


 Desde la salida al supermercado hasta cuando solía tener visitas. 


No es que anduviese mirando casa ajena, pero a esta mujer le gustaba la música tan fuerte, para  hacer participe del vecindario 


Lidia Simplemente elegía su paz.


Ese día, en fondo tras la ruda  demoro unos  minutos, doña Virginia con su gran sombrero,  la vio con mucha alegría


  Se acercó a las rejas sacudiendo sus manos llenas de tierra negra y húmeda.


— ¡Pero qué alegría verte, querida! ¿Cómo estás?


- hay no!- me vio 


Lidia apenas levantó la mano, casi escondió su rostro de resignación a saludarla 


— Hola — dijo, algo apurada.


-Claro, veo que tiene plantas nuevas-Seguro quiere presumir.  


 Tras un frío buenos días luego se alejo.

 

Mientras el sol golpea como un yunque en su cabeza y sus pensamientos que en paz no la dejan 


---en casa tengo , un gran paraíso en el patio consume  gran espacio pero no me quejo  ofrece  a cambio una sombra generosa.

Bajo ella, en verano, las tardes de té con amigas o familia son preciosas y para muchos, envidiables.


 Una mesa elegante con sillas blancas, utensilios de porcelana, galletas recién horneadas dignas de postal de revista de esas que ya no existen.

- tampoco puedo quejarme- finalizó. 


Rodeada de claveles y rosas rojas, margaritas que bailaban con la brisa hacían de su patio un escenario de novela.


 

-Mutilar plantitas por gusto le parecía innecesario-  

exclamaba siempre. Rechazaba con elegancia los ramos


 -No no! Chocolates no, el medico me prohibió azúcar- exclamaba sonriente


  Luego de hacerse con esos panes que aún soltaban ese aroma  fuerte. 


 En la otra mano las pastas en bolsas blancas.

 

Sus pasos  son más lentos como  si llegar a casa evitar quería.

 


Está vez con su novia! 

 Lidia claramente compungida mostraba cierta incomodidad.


-y en mi casa-  otra vez resoplaba mientras caminaba.


Con las bolsas que sostenía en sus manos respiró hondo. 


 En casa con  su novia, insoportable, enamorada cual niña de quince, adulando las cualidades de Diego todo el tiempo.


Ingenua e inocente e irritante , acaso a propósito.


 La ansiedad se convierte en una tortura los nervios entorpecen sus tobillos.

 

 No muy lejos de ella es visible una montaña de ramas apiladas una encima de la otra junto a hojas secas. 


Algún vecino podó su árbol quizá, o limpió su jardín.


En días donde el pasto seco y quebradizo  dónde la tierra tiene  grietas, No ha llovido nada en varias semanas, es lógico,  -pensó, sin darle mucha importancia.


 Cruzo...


 Fue asaltada por por algo  algo amarillo.

 Parecía una simple bolsa de plástico o una botella quizá.   


A unos 10 metros afina a vista. 


¡No puede ser!



La sorpresa fue inmediata. Casi en shock, paralizada como si hubiese chocado con un vidrio, vuelve sobre sus pasos.


 Un basural con latas vacías y botellas de  de un sábado  con excesos.


 De la base de esa agonia  que presionaba, sobre un suelo podrido, aparecia ella.


- llegaste... Tardaste mucho-  



-Ya nos podemos ir?-  parecía preguntar mientras una brisa la movía  suavemente  en forma de saludo  



-Si debo morir que sea danzando, como siempre lo hice-, parecía decir.


La pobre rama se había alimentado de la humedad de las que encima la apretaban.


 Los rayos implacables de esas tardes quemaron cualquier resto de verde. 


Pero ella al amparo  de un vídeo nogal  y su  sombra  ella pudo hacerse lugar, abriendo su enorme pétalo a la vista.


Ese color, esa vida estirando su brazo  aferrándose  a cuánto desde una inminente muerte,


Resistió, y lo hizo sabiendo que solo alguien como ella vendría a buscarla


Lidia sabe que cualquier movimiento rompería la rama, su cuerpo ya maltratado. 


  Colgó sus bolsas en un antebrazo aún  sorprendida se acercó con mucha cautela.


 Por esa  que pedían no la abandonaran allí.


 Se hizo camino sobre latas oxidadas, alambres, vidrios rotos y ramas quebradizas.


Quita de encima las rosas muertas secas. Una a una removiendo  esos tallos con espinas, lentamente, mientras pensaba:


¿Cómo es que terminaste aquí? Te sacaron como quien molestaba, te extirparon y te cambiaron por alguien más.

 Un corazón duro, seco, sin amor te desechó.


Miles de preguntas giran  en su cabeza mientras se quitaba una espina del dedo.


El pinchazo la devolvió a la realidad, una  que debía  enfrentar.


 Al llegar a la base, , logra encontrar su cuerpo, ese que aún permanece verde. 

Se inclino  repetía varias veces dentro suyo 


-quien pero quién .... -



 Como a un pequeño niño lastimado, la tomó en un brazo con total delicadeza y se la lleva  a casa 

 

Con precaución  cuál bebé su rama reposa sobre su brazo  mientras  entre ellas se miraban una y otra vez. 


Llegó a casa, rápidamente  buscó un florero grande y la puso en él.

 

 En la sala,  la invitada de  honor  ella esplendorosa 

Cómo en un teatro, la estrella de la tarde iluminada por el sol que se metió sin invitación ella brillaba...

 

Casi medio día, 

-los invitados!- 

 

Se dirigió a la cocina, distraída buscaba explicación alguna sobre como alguien puede deshacerse de algo tan bello, encendió la cocina .

 

Mientras el humo del fósforo aún se desvanecía el timbre asalto a lidia.

 

 De espaldas sobre su mesada de mármol blanco  respiro ....


El corazón parecía un ancla que caía buscando aferrarse a lo que pudiera .

 

Se dirigió sobre las llaves y finalmente abrió 


 -Mama!-

Diego la abraza como ese niño que se colgaba de su cuello  pequeño... 


 Tras  él parada, Fátima. 

 En sus manos traía una botella, de vino blanco. 

-doña lidia buenas tardes- la abrazo  y cruzó el umbral de la puerta .

 

Lidia preparada para sus cuestionamientos  y preguntas repetitivas del otro lado de la pared   escucho un:

- y esto?-  


 En mitad de la gran sala la flor enorme amarilla galante se presentaba. 



-que hermosa! -

-me encanta -

agrego casi a los gritos Fátima 

 

 Lidia de la cocina mientras revuelve del agua contesta 


- es algo que encontré-  

no creo que me entiendas pensó... 

-veni te cuento- agrego  mientras mientras pica los tomates.




 Las había conectado!


Para algunos, ciertos detalles son un tránsito demasiado corto. Adornan nuestro camino dejándonos mensajes que solo nosotros entendemos, y difícilmente podremos explicárselo a otro

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