para estirar sus brazos.
Dejan caer ese abrigo viejo.
Sueltan para crecer.
Desnudos, su silueta se descubre:
una piel rugosa, su corteza podrida
y sus huesos agrietados.
El invierno
es como la verdad: revela
lo que muchos escondemos.
Almas rotas y negras.
La máscara
solo dura unos meses,
una ilusión de fortaleza
que se desvanece.
Fuerte no es quien
más dobla la rama,
sino quien baila
aún en esos días
dónde el aire
congela el tiempo.
Aún cuando la luz
Se va, sin decir adiós
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