Caminamos mucho… quizá sin tesoros que hallar,
pero el tiempo, con cada paso a tu lado, dejo ese legado valores piezas con lo que fui yo construyendo
Mis raíces, mi pertenencia, mi identidad...
Soy lo que soy por ti.
Mi camino no es fácil hoy,
pero con el amor que dejaste
espero cumplir lo que sueño.
Hubiese querido comer contigo algunas mandarinas,
preguntarte cómo estás,
y contarte, esta vez,
las espinas que llevo en el alma.
Las que más que aquejan, lastiman.
Las que no solo duelen, oprimen.
Y cada vez… duelen más.
Mi madre solía saber cómo estaba.
Cómo me encontraba,
qué sentimientos me embargaban...
Lo sabía entre los aromas del cítrico,
como si el aire mismo se lo contara.
Y entonces lanzaba esa frase tan poderosa:
¡Qué tonto que sos!
Me mirabas...
Y en esa mirada me decías tantas cosas.
Cosas que ya sabía,
pero que mi razón terca —y a veces hasta idiota—
se negaba a entender.
Hoy,
esa frase,
esa mirada...
la necesito más que nunca.
Se también que los tuyos abrazar querías
Verlos y amarlos hoy se que con ellos ya disfrutas
Entiendo que la vida así tarde o más temprano nos reclama
Cuánto quisiera el cielo tenga sus horas de visita, pedir dirección consejo o solo, esa mirada
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