domingo, 8 de marzo de 2026

Crónica tarde domingo sin pan

 

Crónica de una tarde de domingo sin Pan

Mientras algunas gotas rezagadas golpean el vidrio en la ventana de la cocina y la pava ha silbado... ¿Un café, unos mates?

El paladar caprichoso, casi terco, me empujó a la calle. Los charcos reflejaban los claros entre las nubes mientras mis pies pasaban una baldosa floja y esta, a traición, mojó mi pierna. Unas galletas o pan; las tiendas lejanas obligan a caminar bajo la lluvia.

Primera tienda. —Hola, disculpe, ¿tiene pan? —pregunté con total esperanza de que diga un "sí" firme. —Nooo, ya no hay... —Casi como un lamento —contestó un niño de diez años desde dentro.

En su inocencia empática, su voz sin fuerza parecía sufrir mi decepción. Ahora comenzaba la búsqueda del pan en una tarde de domingo... Tras caminar por calles mojadas, los pies con barro y adivinando baldosas bondadosas, llegué.

Segunda tienda. El relato de un partido de fútbol llenaba la tienda; un par de amigos y el dueño del negocio entre ellos. —¡Pateá, pateá, tronco! Eufóricos, no me escucharon golpear el vidrio. —¡Señoraaa!

Salió ella, una señora. —¿Sí, joven? Por un momento sonreí por tal halago, ya que de joven no tengo nada. —Disculpe, ¿tiene pan? —pregunté ya más terrenal. Estaba preparado para un "no" como respuesta, aunque un resto de esperanza aún queda.

Bajó la mirada, como desligándose de cualquier culpa o para no ver mi sufrimiento. —No, no hay, ¡no quedó nada!


¿Y ahora? Antojos tercos... ¿Tengo que mojarme así los pies? No hay más pan. Tarde de domingo...

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